I. Ha sido un verano de vacaciones, pero no han sido vacaciones de vacaciones, o al menos eso es lo que he logrado entender: la pobreza es la misma y mi vida de caracol sigue con la misma velocidad de siempre.
II. A pesar que he recorrido las calles del derrotero libertario con el papel y la tinta en mano, no me siento emocionado. Sólo ligeramente enamorado de algunas cosas.
III. El juicio, emitido hacia una querida joven, era que, dada su condición etaria, cualquier cosa le emocionaba. Yo, que sólo observaba sin intervenir, no asentí dicha afirmación.
IV. Quizás mis emociones no logran desarrollarse, o quizás sólo necesite un lugar donde dejarlas reposar: me exijo cotidianamente, entre mis enojos y blasfemias, de tratar de leer, estudiar y escribir alguna cosa sobre mis enamoramientos ligeros. Por ello, intento pasar la noche con Guyau, Souchy y Camus.
V. Carlos, hace algún tiempo, tuvo la grata idea de decir que yo escuchaba música de ballenas. Pensé en las ballenas y sé que son hermosas, majestuosas, misteriosas, como los ríos subterráneos que tanto me dan para pensar.
VI. Puede que mis emociones no tengan lugar para descansar, o puede que yo no quiera ni siquiera nombrarlas. Su contenido psicológico, en parte, me molesta. Prefiero mis enamoramientos ligeros, poco excéntricos, pero que me acompañan y que se van transformando junto a mí.
La emoción es un florecimiento, un florecimiento efímero que brota cada cierto tiempo y que luego se marchita; el extraño enamoramiento ligero se mantiene, cambia, construye. Es una proyección.
VII. [Este es el último Pot Be Bop, la última letra: puede que hayan más letras después, dibujos sucesores de la zeta.
Podría decir muchas cosas, sin embargo, perdí un poco la noción de lo que escribí en esta colección de escritos. Sé que en un principio traté de ser un poco más ordenado que en los viejos shocklender].
VIII. Sólo escribo algunas ideas que se me ocurren en el camino. Nada más.













