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Pot Be Bop Z

Febrero 7, 2010

I. Ha sido un verano de vacaciones, pero no han sido vacaciones de vacaciones, o al menos eso es lo que he logrado entender: la pobreza es la misma y mi vida de caracol sigue con la misma velocidad de siempre.

II. A pesar que he recorrido las calles del derrotero libertario con el papel y la tinta en mano, no me siento emocionado. Sólo ligeramente enamorado de algunas cosas.

III. El juicio, emitido hacia una querida joven, era que, dada su condición etaria, cualquier cosa le emocionaba. Yo, que sólo observaba sin intervenir, no asentí dicha afirmación.

IV. Quizás mis emociones no logran desarrollarse, o quizás sólo necesite un lugar donde dejarlas reposar: me exijo cotidianamente, entre mis enojos y blasfemias, de tratar de leer, estudiar y escribir alguna cosa sobre mis enamoramientos ligeros. Por ello, intento pasar la noche con Guyau, Souchy y Camus.

V. Carlos, hace algún tiempo, tuvo la grata idea de decir que yo escuchaba música de ballenas. Pensé en las ballenas y sé que son hermosas, majestuosas, misteriosas, como los ríos subterráneos que tanto me dan para pensar.

VI. Puede que mis emociones no tengan lugar para descansar, o puede que yo no quiera ni siquiera nombrarlas. Su contenido psicológico, en parte, me molesta. Prefiero mis enamoramientos ligeros, poco excéntricos, pero que me acompañan y que se van transformando junto a mí.

La emoción es un florecimiento, un florecimiento efímero que brota cada cierto tiempo y que luego se marchita; el extraño enamoramiento ligero se mantiene, cambia, construye. Es una proyección.

VII. [Este es el último Pot Be Bop, la última letra: puede que hayan más letras después, dibujos sucesores de la zeta.

Podría decir muchas cosas, sin embargo, perdí un poco la noción de lo que escribí en esta colección de escritos. Sé que en un principio traté de ser un poco más ordenado que en los viejos shocklender].

VIII. Sólo escribo algunas ideas que se me ocurren en el camino. Nada más.

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La Gente Dice II

Febrero 7, 2010

Actus Primus.

- ¿Qué vas a entrar a estudiar? – preguntó E.L.

- Filosofía – respondí.

- Yo tenía un amigo que entró a entudiar eso y se volvió loco. Era comunista. Una vez lo vi y cuando lo saludé le dije ‘Buena pela’o,  ¿Cómo estás?’, y él me respondió ‘¿Qué quieres decir realmente con eso?’

Actus Secundus.

- ¿Qué estudias? – preguntó un cantante de cueca que reparte el diario gratuito en la mañana arriba de su auto.

- Filosofía - respondí, esperando cualquier tipo de comentario.

- ¡Ay, compadre! – exclamó mientras miraba desatento la calle que se nos venía en contra – Yo tengo dos amigos que estudiaron filosofía y uno se ha intentado suicidar cinco veces.

Díalogos.

El díalogo

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Pot Be Bop Y

Enero 20, 2010

I. Señala, no sin razón, que no he perdido mi condición de nómade, asunto que no me alegra.

 II. He visto, en la calles y en la televisión, hermosos e interesantes panoramas para el verano, momentos felices, dicha constante, maravillas de la vida que sólo se expresan cuando el sol brilla en todo su esplendor. Sin embargo, nada de eso llama mi atención.

III. Disfruto, alegremente, de tardes estivales en la biblioteca, leyendo y buscando viejos libros y periódicos que se desintegran en los archivos olvidados.

IV. Admito, asimismo, que me gusta dormir acariciado por la brisa nocturna del verano. De hecho, hace varias noches que no puedo dormir y, entregado al insomnio, me largo a leer por largas y eternas horas madrugadoras: alimentándome de Antón Chejov, de los Relatos Verídicos de Luciano de Samosata, de la correspondencia de los surrealistas en Le Libertarie y acordándome de la vigilia del atormentado Cioran.

V. Por las noches, una vez que concilio el sueño, suelo despertar sucesivas veces: miro el cielo que comienza a esclarecerse, siento temblores en la habitación y me confundo con mis sueños, los cuales, últimamente, han sido más extraños de lo habitual.

VI. Vivo tranquilo.

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Pot Be Bop X

Enero 6, 2010

I. Ni siquiera vivo cerca del mar y la vida se me asemeja a un naufragio.

II. Durante la tarde estuve mirando por largos ratos el horizonte despejado que se lucía ante mis ojos: lo vi lejano, imaginé el abismo que se esconde tras de él y pensé que los vientos del litoral podrían ser mi canal de viaje hacia aquellos insospechados destinos.

Pero quizás, también, más allá de todo lo que pueda provocarme el mar, dicha sensación significa, a su vez, los naufragios que enfrento a diario a causa de mi carencia de sentimientos marinos.

III. Acá está lleno de cerros que enredan mi vista.

IV. Carlos vive en un cerro, no sé cómo se llama, pero tenía la sensación que un autobús iba desde su casa a la mía, y viceversa, como suele ser.

Yo, por mi parte, no acostumbro tomar micros sin la seguridad de que me vayan a dejar en casa, temo perderme y donde vivo, precisamente, no es de los mejores barrios.

No obstante, esta vez me arriesgué.

Aseguré que, en el caso que el vehículo tomara otra dirección, me bajaría y tomaría otro número que fuera más familiar.

V. Ingresó por una calle extraña y no me bajé.

VI. No sé de qué me sentí confiado cuando el autobús dobló en dirección contraria a donde está la pieza donde vivo. No sé por qué  me quedé sentado, imaginando que encontraría una lugar familiar donde posar mis adormecidos pies.

VII. Y yo me seguía alejando.

VIII. Cuando me di cuenta que la micro apuntaba a un cerro, con toda la intención de subirlo, decidí bajar, bajo la premisa de que si uno esta perdido, puede salir por donde entró.

IX. Era una población, no sé cuál, estaba oscuro, no habían focos. Mi plan era tomar el mismo autobús pero en dirección contraria, y sin embargo, no lo hice.

X. Los naufragios no aclaran los pensamientos.

XI. Miré una micro que venía hacia mi y me pareció familiar. La hice parar con mis dedos largos y le pregunté al chofer alguna cosa en griego clásico, él me respondió si ese lugar al que yo iba estaba abajo y le dije que sí.

XII. Las curvas de los cerros siguieron confundiéndome. Yo leía los nombres de las calles: azucenas, peter  araya, las maravillas.

XIII. Finalmente, llegué a casa, a pieza. Me acordé que ese mismo día había estado en Santiago y me puse a escribir: la geografía no está a mi favor.

Playmobil y el atardecer en la cordillera de la costa.

Playmobil y el atardecer en la cordillera de la costa.

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Sin título

Enero 5, 2010

Partí el año pasado leyendo el hombre rebelde. Luego, el otoño fue de Sabato. El invierno, Balzac y Chejov. Primavera con González Vera, Gómez Rojas, Gogol y, de nuevo, Camus. Terminé, alegre, con Luciano de Samosata. Entremedio se asomaron Sade, Solano Palacio, Esquilo, Dión, Esopo, Sartre, Wacquez, y otros que ahora no recuerdo.

No sé si eso tiene importancia, pero estos autores fueron parte de mi refugio literario en el litoral.

Ahora dejo el litoral.

Pasé el año nuevo junto a mi familia, hicimos algunas supersticiones, vi un fuego artificial pirata. No obstante, no tengo el mejor presentimiento, quizás ni siquiera sea un presentimiento (lo que le antecede al sentimiento), sino un sentimiento: a las doce pisé, sin querer, dos caracoles.

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Pot Be Bop W

Diciembre 12, 2009

I. La vida tiene brazos y empuja.

II. Había que sentarse y esperar, daba lo mismo lo que uno hiciera, el desplazamiento era inevitable. Soñaba con la quietud.

III. ¿No te apena no poder estar tranquilo?, preguntaste, con tus ojos atentos, No me preocupa, señalé,  mientras tenga mis ideas conmigo, estoy bien.

IV. No tengo idea donde vivo, nunca puedo mirar por la ventana. Sólo sé que hay casas más arriba y que abajo, muy abajo, está el mar.

V. Despedirse ya no es mi hábito. Preparar el día de partida no tiene sentido.

VI. Si algo he deducido es que la vida no puede ser un estado estático.

VII. Llama la atención que el sueño de muchos sea situarse en su idilio personal por el resto de los días. Tener como proyecto construir un lugar donde detenerse y vivir.

Por mi parte, temo que no es posible vivir en aquellas condiciones.

VIII. Mi cuerpo está a disposición del viento, dice la canción, y yo la canto. Me dicen que estoy muy flaco, que soy como un papel descontrolado que sube a las cumbres del aire y cae por los desfiladeros del viento. Que mi delgadez es más liviana que una hoja. Yo no lo veo así: independiente de mi peso corporal, mis pies se despegan de la tierra.

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Yo y José Santos

Diciembre 12, 2009

Hace un tiempo salí de casa y afuera había un hombre apoyado en un muro junto a un burro.

Pensé que era el hombre que, en los remotos años veinte, le había comprado un diccionario al pobre José Santos que vendía en la subida San Juan de Dios del puerto de Valparaíso.

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Pot Be Bop V

Noviembre 4, 2009

I. González Vera se justifica: como anarquista podía abandonar aquello que me hastiara y recuperar mi libertad.

 

II. De esta forma, narra los diversos oficios a los que se dedicó, no por mero capricho, sino por necesidad. Necesidad que, podemos ver, demuestra que el ser humano no es ineludiblemente esclavo de sus necesidades: uno puede ordenarlas y no morir en el intento de vivir de acuerdo a sus propias ideas.

 

III. Cuenta González Vera que, viéndose afligido por la falta de dinero, tuvo que vender los libros que traía en su maleta.

Por aquel entonces se encontraba en el Puerto de Valparaíso y, en la faldas del cerro, donde antiguamente se encontraba la subida San Juan de Dios, puso unos periódicos en la acera y colocó sus libros.

Afortunadamente, un caballero que iba en un burro le compró un diccionario.

 

IV. Yo, lector infatigable de los literatos libertarios, me quedé pensando en González Vera y le comenté a B. que tenía ganas de ir a Valparaíso. Unos compañeros nos ofrecieron ir a embriagarnos, pero nosotros queríamos ir a delirar a las calles de Puerto.

Por mi parte, tenía ganas de conocer la subida San Juan de Dios.

Mi amigo B. no la conocía y luego comprendimos que ya no existía, lo que haría, sin duda, más difícil el encuentro de los periódicos de José Santos.

Sin embargo, las gracias del azar nos guiaron por los caminos correctos. B., de un momento a otro, dice:

- Mira ese cartel.

            De inmediato miré y había un cartel que decía: “ex calle San Juan de Dios”. Alucinado, miré a mi alrededor, me asomé por las calles que daban al cerro y me imaginé a un joven González Vera gritando datos biográficos de Rubén Dario y Joaquín Edwards Bello. Yo estaba caminando junto a B. sobre un burro y necesitaba un diccionario.

 

V. Lo cierto es que ese cartel está donde se encuentra el Museo de Historia Natural de Valparaíso y en la entrada había un enorme pelicano disecado.

Un caballero nos dijo que la entrada era gratis y sin cavilar entramos al museo a aprender cosas nuevas.

Dentro de él había una guagua bicéfala, un cerdito cíclope y un perro de ocho patas. Indistintamente, nos comentaban el asunto de las placas tectónicas, las técnicas de buceo de las antiguas indígenas y los usos de la carragenina.

 

VI. Si bien, perdí el hilo de mi pequeña investigación geográfica, no dejé de lado las perspectivas cotidianas de González Vera: ¡Qué agradable es vagar sin rumbo, entregarse a lo improvisto, tener una tarde para hacer algo que no sea útil!. Llega un tiempo en que todo es regular y rutinario. Cómo seguiría enriqueciéndose la existencia si cada día pudiéramos perder una hora.

 

VII. En efecto, con B. seguimos caminando por las calles del puerto.

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Distance / Gelatus

Noviembre 4, 2009

1. La distancia se acaba, el tiempo que pasa nos acerca.

 

2. En medio del camino siempre tuvimos nuestra gelatería escondida, donde saboreábamos deliciosos helados de alegres colores.

 

3. Yo siempre traté de determinar sabores de acuerdo al clima, pero para ti la frutilla trasciende todos los tiempos: tu frutilla a la crema reina cuando llueve o cuando hay sol.

En cambio, yo digo que en invierno hay que tomar helado de chocolate con avellanas y en verano dedicarse a la piña y a la naranja.

 

4. Siempre discrepamos en torno a la mezcla de sabores y texturas. Nunca estoy de acuerdo a tu concepción del helado, creo que carece de estructura y conexión: tu sientes pasiones por el helado, yo veo construcciones posibles en él.

 

5. Tus pasiones por el helado, a diferencia de las otras pasiones, no es motivo de movimiento, pero sí de desplazamiento: eres capaz de cambiar tus rumbos determinados con el fin de adquirir un cono de helado, sin embargo, no te mueves entre los sabores, siempre quieres algo rojo o rosado con toques blancos.

Por mi parte, en mi concepción constructiva del helado, trato de investigar todos los sabores posibles, con el fin de entender las mezclas posibles y las elecciones perfectas para los distintos estados de ánimo: después de una larga traducción de griego, es necesario un chocolate con avellanas.

 

6. Como ningún otro año hemos comido helado y ahora que nos miramos sentimos sabores dulces en nuestras bocas.

Tu lo sabes, yo soy muy apegado al helado, pero con respecto a ti, admito que lo dudo: a veces pienso que me miras como si yo fuera un churro relleno de manjar.

 

7. Lo que no dudo, es de nuestro amor gastronómico, y que para mi también es astronómico: nuestras tardes en la cocina, mi panza veraniega, mis huesos del litoral, mi carencia de almuerzo, las humildes loncheras llenas de comida que cargas en mi hombro durante la madrugada de los lunes, las noches frente a Santiago esperando las papas fritas, el viejo picnic en la rivera del río, las torres de panqueques, los huevitos de colores que comimos en el muelle, mis complicados vegetales.

 

8. Te miro desde acá, más flaco que antes, y dejo mi cuerpo en el lomo del viento, esperando que me lleve desde el mar hasta tu cordillera, tu cordillera que parece que es la tierra misma con la panza llena, del mismo modo como deseas que mi panza crezca. No obstante yo vivo en el mar y en el mar la altura le pertenece a las olas.

Las olas son efímeras.

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Atento

Octubre 28, 2009

Tenía una invitación para que, en vez de estudiar latín, fuéramos a una ponencia sobre el filósofo Karol Wojtyla, o más conocido como Papa Juan Pablo II, por motivo de la Semana de la Filosofía Cristiana.

Pero anoche leí sobre Shelley y me quedé hasta tarde leyendo, traduciendo y estudiando, y me atormentó la duda del término antenatal, que Shelley utilizó a partir del inventor de la palabra, William Godwin. No lo imaginé, corroboré que eran contemporáneos temporales y goegráficos, pero  desconozco su relación.

Como sea, decidí recoger las formas a través de las cuales la gente llega a mi blog, con un promedio de 10 personas diarias y un pick de 43.

Los malandrines buscan en google o cualquier buscador palabras muy relacionadas a mis escritos:

- “tv” (182 personas)

- “ilativos” (108 pp.)

- “posiciones xxx” (61 pp.)

“canción para mi abuela” (varía la redacción) (179 pp.)

A eso agregar: “annunakis”, “diego el profeta”, “hermanos shocklender”, “origen de la danza oceánica”. “leyendas de miedo”, “reptilianos”.

Espero que sigan buscando y me convenzo de lo poco útil de este blog.