· Los muchachos de la TV.
“Los expertos advierten sobre posibles riesgos de ‘sobre exposición’ de la vida privada en Internet”, decía la uniformada periodista del noticiero del mediodía.
La noticia, aunque en realidad no lo era, me llamó bastante la atención.
Claro, imaginé que hablarían de la casi omnipotencia de cámaras filmadoras y la posterior masificación del video en You Tube o del mal uso de la información de personas, porque referirse a vida privada es considerablemente complejo, ya que, al parecer, no tiene un límite claro.
Además de eso, me quedó dando vuelta en la cabeza una vapuleada palabra que utilizan los periodistas: “Expertos”. Dejando de lado todo el asco que me provoca dicha palabra, creo que sus expertos llevan consigo una dicotomía extraña, pues, a su vez, son ignorantes.
Ahora bien, al grano ¿A qué vida privada se referían? Ellos trataban de apuntar hacia la información que las personas brindan en sus sitios personales, como Fotologs, Facebook, Messengers e, incluso, blogs, es decir, la publicación de sus números telefónicos, direcciones de domicilio y otras datos personales, lo cual conllevaría a un posible peligro, ya que delincuentes, patos malos, violadores, obsesivos, weones locos o cualquier personaje malo creado por la sociedad, pueda irrumpir nuestra integridad.
Hasta ese punto puede resultar lógico, e incluso dichos actos suelen ser pocos, y uno, tranquilo, se puede sentir ajeno al problema. Sin embargo, eso no es todo.
Los expertos, hombres exitosos seguramente, lanzaron sus gritos de alarmismo y miedo a la población: señalaron que, inclusive, era riesgoso subir fotos y proporcionar información como la religión, los gustos y las creencias políticas (como si la política se tratará de creencias y no de razones) de cada uno.
A esto agregaron que aunque uno borré la información, esta nunca se irá de la red, pues queda archivada en una página llamada Archive.org, y, al mismo tiempo, Google puede hacer que cualquier persona llegue al sitio personal.
El reportaje fue respaldado con la entrevista a un muchacho, cuico y conservador, que decía que si tenía que decirle algo a sus amigos los llamaba por teléfono, y listo. Él, además, aclaró no tener ni Fotolog, ni Facebook, ni blog.
· A la mierda.
La verdad es que el reportaje me conmovió bastante y me dejó pensado en cuán filtrada está mi vida en la red, qué cosas decía yo en mi blog que, posiblemente, podrían generarme algún peligro y cuántas cosas saben ustedes que no tienen por qué saber: el día se me pasó paranoico.
Nuevamente los medios de comunicación nos meten miedo, antes de tratar de evitar o erosionar un problema, prefieren exagerarlo y enarbolarlo al viento de la sumisión, creando situaciones que no existen, pero que resultan aparentemente reales.
Es cierto que en esto que dicen hay algo verídico, pero no sé si preocupante.
· Analicemos, pues, sin ser expertos (y sin ellos también).
Chispas de expresión o no: todo lo que uno escriba será personal y, si este escrito es subido a la red, podrá difundirse y explicar, un poco, los intereses del autor. Aunque sea un texto científico u objetivo, sobre matemática o geometría, o quizás un cuento o un texto de historia social, la palabra siempre será el reflejo de la persona que lo escribe, tal como lo bosquejaron los guaraníes al utilizar la misma palabra para referirse al alma y a la palabra.
Pensarán que me estoy apartando del enunciado inicial, no obstante, digo lo anterior para referirme a una interrogante que expuse anteriormente: ¿Dónde comienza y dónde termina la vida privada? Es necesario establecer la distancia que existe entre privado, personal e intimo. Lo privado, a mi parecer, se refiere a ciertos datos o informaciones confidenciales, que no deben ser reveladas ante cualquiera, mientras que lo personal se dice a todo aquello que me influye exclusivamente a mi y que quizás está relacionado a alguien cercano. Distintamente, lo intimo es mucho más interior y de más valor, de carácter más sentimental e introvertido: las intimidad no es un tema fácil de tratar, y más de llegar.
Entonces, lógicamente que este manuscrito que estas leyendo ahora no es ni privado ni intimo, sino que personal, pues se puede deducir ciertos intereses y criticas mías ¿Algo de malo en eso? En ciertos casos, las ideas y escrituras de personas, van acompañadas con fotos en el avatar, donde se muestra su rostro (yo tengo un dibujo) ¿Privado? Puede que se pueda recurrir a la fecha de nacimiento, al signo zodiacal o a la ciudad y país del escritor ¿Deje de tener intimidad?
Pongamos otra situación: Bernarda se peleó con su pololo Arturo. Ellos se conocieron por fotolog, ya que la mejor amiga de la hermana de la prima de la ex compañera de curso de la mejor amiga de Bernarda tenía en sus f/f a Arturo, y se dieron sus correos electrónicos, a través de los cuales se comunicaron durante dos semanas hasta que se juntaron para ir a una discoteca, donde comenzó su pololeo. Sin embargo, en una fiesta en casa de Eleuterio, Arturo invitó a su amiga Clementina, por lo que Bernarda se enojó y se fue corriendo a la casa de su mejor amiga, Mikaela. En consecuencia, al otro día subió a su fotolog una imagen pésimamente photoshopeada donde sale ella sentada en un rincón, con cara pensativa al lado de una canción de Don Omar. Debajo escribe un texto donde explica su estado anímico y el problema que tuvo con Arturo, frente a lo cual, sus amigos de fotologs, de los que conoce al cuarto en persona, dejan mensajes donde lamentan su situación y le dan algunos consejos: todos se enteran y la intimidad de Bernarda deja de ser intima.
Entonces, uno se interroga a sí mismo ¿Realmente interesa esto? ¿Quiero saber qué sucede en la vida de Bernarda de esta forma? Si la razón de publicar mis problemas frente al mundo es para ganar apoyo, es preferible hacerlo junto a las personas que realmente estimo y no dejar la rienda suelta para que mis asuntos personales se tornen interpersonales. (Es incluso más morboso cuando estos son difundidos por televisión, como sucede en Pasiones o en esos de juezas). Es más bonito, quizás lógico, pensar que los asuntos entre personas se acuerden entre las mismas personas, y no mediante una relación ficticia y plástica, carente de sinceridad y apoyo.
Sigamos: Govinda, un principiante Hare Krishna, tiene un Facebook, donde expone el trayecto de su vida escolar por los distintos establecimientos educacionales, lo cual le ha permitido reencontrarse con compañeros de curso que no veía desde la infancia, cuando se llamaba Hipólito. Además, sus extraños gustos musicales, lo acercaron a personas que comparten sus ideas y practicas. Todo parece perfecto, las relaciones interpersonales funcionan muy bien, no obstante, un grupo llamado Los Mata Hare Krishna se dedica a merodear las redes en busca de devotos, con el fin de utilizar su información para fastidiar su vida y su creencia. Entonces, se hacen amigos de él, con el pretexto de ser de la misma religión, y, entre relaciones ajenas, logran dar con su paradero, pues Govinda les proporcionó información de su domicilio y lugares que frecuenta. Demasiados datos privados para una relación tan promiscua.
Tras una golpiza, Govinda aprende la lección, aunque sabe muy bien que esto sucede pocas veces.
Por otro lado, también divagan por la red fotografías de personas con nombres, lo cual no significa que corran el peligro de ser victimas de magia negra.
· Juntemos las ideas y molestemos a los expertos.
Frente a estas situaciones distintas, podemos sacar conclusiones y excluir la postura del miedo y la inseguridad de los expertos. En cambio, pensaremos en una postura inteligente, que refleje la persona que somos sin miedo y criticaremos a quienes en realidad sí violan nuestra intimidad y vida privada.
Hoy en día la seguridad se ha tornado un valor y, por lo tanto, un negocio: alambradas, alarmas, cables con electricidad, pinchos, casas transformadas en cárceles, empresas de seguridad que ganan millones. Las noticias son su mejor publicidad y el miedo nos hace caminar rápidos por las calles, alertas de quién nos rodea y sin permitir el gozo de una reflexión profunda y un análisis del día: la tribu urbana de los patos malos acecha y está en todos lados.
Internet, al englobar nuestro entorno, no está exento de los patos malos, dicen los expertos, por lo que debemos tener mucho cuidado con cada cosas que decimos o mostramos.
Pero ¿Pensar que hasta un simple blog es peligroso? ¿Qué mis fotos puedan ser más utilizadas? ¿Qué está noche vendrá una pato malo volando a mi casa y se llevará mi desayuno? No me interesa, puedo decir qué pienso, qué creo, cómo soy y, sin embargo, viviré sin miedo. No daré mis datos privados, pues no interesan, así de simple. Cultivaré la metáfora, no para embellecer mis dichos, sino que para contar algo muy personal, quizás intimo, y sólo los que realmente me conozcan sean capaces de entender. La metáfora fue creada, también, para guardar y ocultar misterios y secretos en las palabras.
· ¡Qué vida privada!
Sin embargo, aun los expertos nos llaman la atención sobre lo peligroso que es mostrarse en Internet, aunque sea en un sitio que no visitan más de cinco personas diariamente (como este).
Yo me pregunto, me hago preguntitas ¿Tiene relevancia alguna? ¿Acaso no estoy siendo vigilado desde que nací? ¿No será que el peligro al que se refieren es al peligro que todos podemos ser peligrosos? ¿Qué nunca se sabe? ¿La golpiza antes de portarse mal? ¿La sospecha? ¿El “yo supongo” que nos da tantas razones y nos permite oír lo que queremos escuchar? No hablen de vida privada, de las fotos, de lo que pienso, si en cada esquina hay una cámara de vigilancia, un guardia y un reten móvil; si, fácilmente, los teléfonos pueden ser interferidos y mis conversaciones por Internet filtradas, al igual que mi correo. ¡Sí! Llenen las calles de cámaras y tomen 300 fotos diarias, como en Londres, y sin embargo no podrán evitar atentados de weones locos.
Todos y todas sabemos quién nos vigila, la gran mayoría lo respalda y pocos comprenden que todos podemos ser un peligro. “Todos somos terroristas, ante los ojos del Estado” gritan un PunkRock musical por ahí.
Incluso, cuando uno decide y establece hasta qué punto desea exponer sus datos, es más aceptable que el que unos tipos están trabajando diariamente por conseguir la mayor cantidad de información de cada persona. Ellos están callados, no los conocemos, pero sabemos quién los respalda.
· Nueces y metáforas.
“El miedo es la materia prima de las prosperas industrias de la seguridad privada y del control social. Una demanda firme sostiene el negocio. La demanda crece tanto o más que los delitos que la generan, y los expertos aseguran que así seguirá siendo. Florece el mercado de las policías privadas y las cárceles privadas, mientras todos, quien más, quien menos, nos vamos volviendo vigilantes del prójimo y prisioneros del miedo”.
Del libro Patas Arriba, de Eduardo Galeano.
La solución no será andar todo el día con un guardia, en caso de que algún pato malo, gracias a lo que publiqué en Internet, me pegué o desabroche los cordones. Claro, el miedo nos roba tiempo, nos crea más problemas y estos tipos encontraron una nueva forma de ejercerlo: Internet. Además, nos hacen pensar que éste viola nuestra vida privada.
Sobre mi, un satélite observa por donde camino y eso no es violación de la vida privada: nos hacen creer en miedos absurdos, pero coherentes al estilo de vida que nos han impuesto. Ahora creceremos pensando que es normal que nos graben en la calle, que me esté besando o discutiendo con alguien, y otros estúpidos, detrás de la cámara, estarán mirándome y riéndose.
Nos podemos preguntar ¿Qué es peor? ¿Lo que decido decir en Internet, que sé que nunca será confidencial? O ¿Lo que fuera de mi voluntad están sabiendo sobre mi?
Por lo pronto desearía ser una nuez, con cáscara gruesa para que no me vean las cámaras. Sería una nuez metafórica, para que mis cosas personales la sepan leer solo aquellos que sean capaces, así como los demás serán nueces, quizás almendras, y yo lo tenga que aprender a leer.
Porque ellos, los que vigilan, podrán saber mis datos, lo que me gusta hacer, mi actividad, mis hijos, mi giros bancarios, mis conversaciones por teléfono, y sin embargo, nunca comerán el fruto dentro de la cáscara, no sabrán entrar a mi mente, a mi ideas y pensamientos, mis planes y proyectos, puede que rompa todos los días la rutina, y, amigos míos, expertos y vigilantes, no sabrán definirme, ni perseguirme.