Archivo de Septiembre 2008

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Shocklender XXXIV / en seis movimientos

Septiembre 30, 2008

1.

Soñé con un viaje. Un viaje en donde yo ya me encontraba sin mi luciérnaga.

 

2.

En mi sueño, sueño dormido, flotaba, muy veloz, al espacio exterior, al cielo de estrellas y planetas, hasta llegar a la luna.

Ahí yo reposaba, liviano sobre el suelo de luna y no de queso, y observaba como el mar, enamorado de la luna, provocaba grandes mareas para llegar a ella.

Comencé a pasear por el astro, nostálgico como siempre, y me encontré con una mujer.

 

3.

La mujer era una astronauta que vivía en la luna, en el lado que nosotros no vemos, en el lado oscuro de la luna, para que ningún telescopio la pudiese ver.

Ella llevaba años en la luna. Se han olvidado de mi, decía, triste todavía, y me explicaba que quedaría para siempre en el mismo lugar, sentaba, blanca, con su grueso traje espacial y su casco que guarda los rayos de sol que nunca ve.

 

4.

Nunca se me hubiese ocurrido la idea de soñar con una canción. Y que además trate de una canción que me gusta mucho, que me hace pensar y suspirar cuentos y dibujos.

 

5.

Solo, entre cuerpo celestes.

La nave se va y me deja en el aire

donde falta oxigeno

donde, inevitablemente, quedaré.

 

No hay más sombras, que las espero aquí.

 

No pude ver los autos dando vueltas

a través de mi casco.

 

Solo en los planetas.

 

Unos guantes tan blancos,

me empujan hasta caer.

 

“El Astronauta Olvidado”,

de la banda argentina Bauer.

 

6.

Solo espero poder ir de visita de nuevo, en mis sueños o en su canción, y pedirle que, si no es mucha la molestia, me ayude a buscar a mi luciérnaga, que se confunde entre las estrellas, para poder despedirme de ella.

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Sueñas con Desaparecer

Septiembre 30, 2008

Sueñas con desaparecer. Lo sé, no solo porque me lo dices sucesivas veces, sino porque lo deseas todo el día en tu mente.

Las personas comentan sobre ti: que vives en un mundo que no existe, que tienes que despertar, que esas cosas te han traído terribles consecuencias.

Mientras tanto, por tu parte, señalas que recién anduviste en una mariposa volando. Lo que, desde mi punto de vista, significa que quieres irte a las montañas en auto, a sentarte en una roca, a escribir poesía y dibujar soles.

Yo te entiendo, para bien o para mal, te entiendo. Y veo como todo el día andas con tus anhelos de catarsis, y veo, también, que los acumulas en algún rincón de tu corazón, y, para mal, los dejas estallar. Es eso que llamas rehusar en tus anhelos.

Pero es muy bella tu vida, lo que sueñas y lo que piensas, lo que lamentablemente dejas que se quede en pensamiento. O algo así como lo que yo digo: que los adultos andan todo el día pensando. Y, agrego, que la libertad es un asunto de acción.

            Sin embargo, sigues soñando con desaparecer, con dispersarte entre los espacios de vacío que unen al tiempo, con esfumarte en pequeños átomos que son iluminados por rayos de atardecer y que solo pueden ser vistos desde cierto punto de vista. Sí, en átomo indivisible y único, libre en el aire, en el vacío.

            Piensas, de vez en vez, o viceversa, que eres invisible en la ciudad, un fantasma en la ciudad que es céfiro en el desierto y que duerme en la copia de la luna. O que eres una canción, de esas que te gustan, o el humo de tus cigarrillos que se desvanece camuflado entre las nubes.

Aunque temas llorar la tumba de Hermengarda, de vivir el canto fúnebre de ti mismo o de sentir que ya mucho tiempo paso entre tus dedos. Porque te cuesta mirar el presente, ese que construye el futuro, y no tratar de cometer el error de la ansiedad, ese que Kafka nos advierte en un cuento: no trates de adivinar el futuro, porque si lo despiertas, tendrás un presente dormido.

            Pero miras tus manos y aún estas en el mismo lugar, visible. Sigues pensando en desaparecer, pegado en el suelo, en la tierra, sin mirar las alas que llevas en tu espalda, en tus brazos, en tus piernas. Sin sacar el papel que llevas en tu bolsillo y que habla que la fe nace de una sustancia imaginaria construida a partir del hecho físico.

Que si despegas los pies del suelo y logras sentirte más liviano, podrás alzar tus alas al viento y desaparecer.

Sí, desaparecer como quieres. Pero desaparecer de aquella persona que construiste sin querer, que cuando desaparecía se aferraba más al mundo que, naturalmente, rechazaba. Irte al espacio, con tu pañuelo al cuello y tu croquera al brazo.

Te lo digo, y, un poco, te empujo, para que te desprendas, te liberes, puedas elegir tranquilo. Flotando con tus palabras bellas y dejando atrás a quienes te atan con una soga a sus modelos de vida.

No pienses que si saltas podrás volar, piensa que si vuelas es porque, simplemente, sabes hacerlo.

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Mi Luciérnaga

Septiembre 21, 2008

He estado todos estos días, desde que nací, con mi luciérnaga en la mano. Esa luciérnaga que se posó en mi pequeña mano y se quedó ahí hasta hoy.

Brilla tanto, brilla mucho, brilla junto a mi, me ha pegado su luz y, aunque sea diminuta, logra empaparme de su lucero.

Siempre ha estado en el mismo sitio, armoniosa y grata, como si mi mano fuese una pampa cósmica con sonidos suaves y dulces.

Yo la miro y ella me mira. No hablamos, yo no sé hablar como las luciérnagas y ella no sabe hablar como los astronautas, sin embargo, nos entendemos, a pesar de que yo, ni siquiera, tenga un par de alas o de antenas.

Pero yo sé que un día se ira. Se irá volando por los caminos curvos del aire y del viento, chocando torpe con los vidrios y esquivando audaz a las ranas que acechan esta gran ciudad.

Yo sé, lo sé y lo pienso, que un día se irá, y yo seguiré brillando.

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Nuevas Ilustraciones (soñar de otras formas)

Septiembre 21, 2008

He subido nuevas ilustraciones, en una sección especial para ellas, que se diferencia de “Croquerites” (que son dibujos más espontaneos) y tiene dos imágenes que se subieron mal.

 

Pincha Aquí y verás lo que podrían ser sueños de otras formas.

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Filosofía de la Inspiración

Septiembre 21, 2008

Video, no sé si oficial, de la banda God Is An Astronaut, post rock de Irlanda.

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Shocklender XXXIII / en seis movimientos

Septiembre 17, 2008

1.

Sobre esto: aparentemente, este shocklender recuerda a parejas: Equis con Is que se cortejan en el titulo.

 

2.

Verdad o mentira: hay un grupo de indios que canta en las calles música desértica, lejana, con gritos de viento e instrumentos de voces. Ellos, cuan indio norteamericano de historia del lejano oeste, traen plumas en sus cabezas y atuendos de cuero con flecos.

Cantan y bailan, como si fuese un ritual al céfiro y a la tierra, mientras que uno de ellos pasa por los espectadores promocionando su disco de música.

Yo aclaré que no les creía mucho, que seguramente solo se trataba de un show y que eso no estaba mal, pero que no les creía.

 

3.

Cosas hermosas: la niña le preguntaba a su abuela por qué siempre olía tan bien, tan rico, tan floral, y la abuela le decía que cada mañana salía al jardín a recoger flores de jazmín y se las colocaba en el sostén.

Para mi eso es belleza.

 

4.

La noche con sol: me senté en mi cama, celebrando y escuchando a Bob Dylan con su Lay Lady Lay, a beber un jugo. Me sentí nostálgico, situado en una cuneta bebiendo cerveza, hambriento de noche y cubierto de luces parpadeantes de un foco apunto de estallar.

 

5.

Pero el jugo era de manzana y, hace solo unos minutos, me había comido un flan: la madrugada es el reflejo de un no-destino, de momentos raros y espontáneos, de creaciones crepusculares que nada tienen que ver con la vida cotidiana.

La luz que brilla de nuestras manos es el sol que sale en la noche, es la sombra en la oscuridad y cerrar los ojos para tenerlos abiertos.

 

6.

Cielo nocturno: por la noche no es tan necesario mirar, todo esta oscuro. Es mejor imaginar.

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Filosofía de lo Cotidiano

Septiembre 17, 2008

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.

El que agradece que en la tierra haya música.

El que descubre con placer una etimología.

Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

El tipógrafo que compone esta página, que tal vez no le agrada.

Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de un canto.

El que acaricia a un animal dormido.

El que justifica o quiere justificar el mal que le han hecho.

El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

 

Los Justos, de Jorge Luis Borges.

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Shocklender XXXII / en ocho movimientos

Septiembre 9, 2008

1.

Mamá me llamó: ella iba en un colectivo y recien se había enterado de las protestas estudiantiles que se realizaron durante el día. Me preguntó, como siempre, si es que yo andaba metido ahí y que yo no tenía ningún derecho a protestar, pues yo no era ni estudiante ni estaba inscrito en el sistema electoral. Le dije que igual, después, iba a estudiar y que no sacaba nada con votar o no votar, que las cosas así no cambiaban. Pero mamá es muy orgullosa.

 

2.

La noche me llamó: desperté algo angustiado, pues soñé con tres volcanes que erupcionaban al mismo tiempo, con lava muy naranja y que parecía agua. Nosotros evacuamos el lugar y nos fuimos al mar.

Pero los volcanes estaban lejos.

 

3.

El guanaco me llamó: el carro lanza-agua mojó mi pelo, mis rulos, mi chaqueta y mi cuello. Caminé enojado. Mire a tres escolares mojados y les dije: es solo agua. Reímos.

Pero mi cara empezó a arder.

 

4.

El sueño me llamó: duermo.

Pero escribo en mis sueños.

 

5.

La música me llamó: me dice guitarritas espaciales para escribir y soñar.

Pero el toca discos no anda bien.

 

6.

Jorge Hevia me llamó: me pidió que dijera la clave  y yo, inconcluso, recibí sus pistas. Así, supe: Buenos Días a Todos, el matinal de Chile. Felices todos, gané miles de lavadoras, microondas, lavavajillas, picadoras, hoteles, masajes, televisores, video caseteras, productos Colún, una once con Margot Khal, entre otros.

Pero aún estoy esperando.

 

7.

Cronopio me llamó: dijo que debería ponerme de espalda, que la promesa de dibujarme una golondrina azul en la pizarra de mi dorso la cumpliría. Aclaró, además, que yo tenía apariencia de tortuga y que, por lo tanto, debía ocupar mi pizarra redonda.

Pero no le quedó linda la golondrina.

 

8.

El fin me llamó: dice que deje de escribir, que se me van a gastar los dedos y que sin huellas digitales me quedaré sin mundo.

Pero mi mundo son, en parte, los dedos (o tenazas, que sueles llamarles).

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Mi (Nuestro) Lugar Favorito

Septiembre 9, 2008

A Lalo,

el muchacho simple

 

Ninguno de nosotros sabia qué era, para qué servía, cuál era el objetivo del lugar, solo nos gustaba jugar en él, correr por sus alrededores, saltar por sus rocas, volar por sus vientos.

Nos juntábamos todas las mañanas; espontáneamente, nos íbamos a buscar a nuestras casas, en aquel pequeño pueblo que abandoné, para salir a correr por los campos de manzanillas que llegaban a las frías playas del sur.

Caminábamos empapados de cielo y mar por las rocas y los troncos, mientras comíamos duraznos o pequeños chocolates de diez pesos, en busca de alguna aventura imaginaria. Y entre andanzas, siempre llegábamos a donde mismo, a mi lugar favorito, a nuestro lugar favorito, para jugar con nuestros dinosaurios imaginarios.

El lugar no era del todo lindo, pero sí era muy doblado y loco: desde las abandonada calle costera, se asomaba un pequeño puente que llegaba a una casa redonda de ladrillos, o pequeño castillo con banderines multicolores, que bañaba sus pies a la orilla del mar repleto de rocas y piedras. La casa siempre estaba cerrada y tenía un nombre muy particular que ya, tras los años que pasan así nada más, he olvidado.

No obstante, ese era nuestro lugar favorito, donde nos bañábamos de sol y nubes del verano austral, mientras imaginábamos luchar junto a nuestros dinosaurios, mientras nos caíamos, nos colgábamos del puente, corríamos por la circunferencia de la casa y mirábamos el mar, azul y tranquilo. Ese mar que mirabas triste y somnoliento, porque no sabias nadar.

Vivíamos simple, a pesar de las complejidades superficiales que a uno le perseguían, y no teníamos dinero, ni muchos amigos y tampoco sabíamos andar en bicicleta. En cambio, teníamos nuestro lugar favorito, irremplazable y lleno de imaginación y alegría.

Pero, amigo mío, yo me largué, me fui, abandoné aquel pueblo en el que crecí durante un tiempo.

Y dejé mi dinosaurio en mi, nuestro, lugar favorito, junto a unas cajas de ideas que quedaron entre las rocas, y que seguramente ya se la llevaron las tormentas y el mar.

Yo nunca más volví, no sé si volveré, no sé si me recuerdas, no sé si haz ido a ver a mi dinosaurio, no sé si existe nuestro lugar favorito, no sé si aun están aquellas manzanillas por las que corríamos placidos y felices, no sé si guardaste algún trozo de la torta de dos pisos que una vez me regalaste.

Eso sí, sobre todo, imagino que nuestro lugar favorito aún nos ve correr contentos, dejando nuestro resplandor de colores en las nimias olas que bañan sus rocas y encantando el aire con nuestras chispas imaginarias y explosivas de niños del mar.

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Shocklender XXXI / en siete movimientos

Septiembre 3, 2008

1.

Es lógico que, hasta a los más creyentes, les joda la interrogante de qué diablos sucede cuando uno muere, cómo es la transición del estado de vivo al estado de muerto, qué chispa acaba con todo y cómo eso nos carcome o si existe o no aquel túnel que nos conduce a la muerte.

Por lo pronto, solo podemos saber de qué formas podemos morir.

 

2.

Cuando pequeño, una compañera de curso hizo un hechizo: sobre un papel, trazó una cruz y en cada lado escribió el nombre de alguna presencia demoníaca, La Llorona, El Diablo y otras dos que no recuerdo.

Quienes estábamos junto a ella, debíamos romper un trozo de papel sin ver y el personaje del pedazo que uno rompía, te acompañaría durante todo el verano.

A mi me salió El Diablo.

Aquel verano, para variar, fui a Calbuco, una isla localizada a los alrededores de Chiloé. Yo me tranquilice, pues recordaba que El Diablo sólo circundaba el campo. Sin embargo, le pregunté a mi tía si donde estábamos era campo o no, y ella me dijo que sí, que era el campo. Era de noche y miré por la ventana: la muerte me miraba con ojos inexistentes.

Pasé el verano con la presencia sicológica de El Diablo, con la sensación de miedo y muerte y la silueta roja y cuernuda en mis espaldas.

Hoy, tras aquel verano, El Diablo viene a mi casa y toma té junto a mi, mientras hablamos de lo insólito que es lo que uno no espera que suceda.

 

3.

Ese año estaba de moda el virus hanta. Se hablaba de lo nocivo que era y la expansión que tuvo éste.

Aquellas vacaciones de invierno volví a ir a Calbuco.

Allá hay muchos cerros, árboles y arbustos, y muchas veces había presenciado ratones, ratas, guarenes y lauchas corriendo.

Pensé que poseía virus hanta y, no sé de a dónde, creí que el virus me mataría después de un año.

Cada noche me acostaba con la incertidumbre del ataque mortífero del virus hanta.

 

4.

Tras pasar los años, me fui a vivir a Puerto Montt. Mi casa quedaba frente a una Iglesia católica.

Dicha presencia divina y omnipotente, me hizo pensar que me moriría. Sí, Dios es un pesado.

 

5.

Cuando pasaba en bicicleta por el cementerio, andaba rápido, escapando de la absorción constante de la muerte.

 

6.

Seguramente, estos ejemplos no responden mucho.

 

7.

Solo sé que, lo más seguro, es que en algún minuto muera y todo, todo de todo, acabe ahí.