Archivo de Noviembre 2008

h1

Shocklender XXXXIII / en siete movimientos acuáticos

Noviembre 25, 2008

1.

Mi pieza de agua. Mi cuarto de lodo. Mi habitación de laguna artificial. Mi tierra de tablas hinchadas.

2.

Amanezco en el agua, por lo menos, tres veces al mes.

3.

Vivo, entre otros, en una habitación de servicio, esas que fueron hechas exclusivamente para las empleadas: excluidas del resto de la casa, circundante a sus labores, al lado de la cocina, del cuarto de lavado, y con, por supuesto, baño privado.

No es que yo sea mucamo, simplemente ocupo esa pieza y me las arreglo dentro de ella (cambio muy seguido de lugar las cosas para que quepan en armonía).

No tengo plumero, ni delantal y, admito, no sé planchar. Quizás, y creo que en esto acierto, vivir en esta pieza ha hecho que me convierta en mucamo, pero mucamo de mi, de mi limpieza y mi comida. Incluso, a veces soy increpado por mi mismo.

4.

Pero el edificio es viejo. Ni siquiera es estéticamente viejo (como los viejos edificios de Providencia o Santiago Centro), sino que es internamente antiguo.

Razón por la cual sus cañerías mueren a cada instante, fallan en todo minuto y lanzan chorros de anacronismo cada amanecer.

Y mi pieza, que está rodeada de los tubos de la cocina y del cuarto de lavado, se inunda, por lo menos, tres veces al mes.

5.

Algunos románticos dicen que despiertan cuando sale el sol, pero es mentira. Yo me despierto cuando suena la alarma, que gracias a los celulares cada vez son más ridículas, y me percato del crimen. Y digo crimen porque siempre ocurren las inundaciones de noche: cuando todos duermen, el agua comienza a escurrirse por los recovecos de la cocina, para entrar, silenciosa, por debajo de la puerta y llenar mi pieza de agua.

6.

Cuando me levanto, abrumado y confuso, piso agua, digo mierda, miro cuan llena está mi pieza, me veo flotar, verifico que el enchufe no esté con agua y, esquivando las tablas hinchadas de agua, nado en busca de alguna toalla o ropa vieja para secar los restrojos acuáticos que dejaron las tuberías que nunca acaban de fallar.

7.

Prometo que algún día viviré en la altura.

h1

Mis Fantasmas y Tus Demonios II

Noviembre 25, 2008

Camino junto a mis fantasmas.

Ellos me acompañan para todos lados, sujetos a mis hombros o a mi pelo.

Ya son años junto a ellos y ellas, aunque en realidad no distingo muy bien sus sexos.

Comprendo que están ahí desde que, sin querer, comprendí el valor del lenguaje, no de la palabra. Del lenguaje como arma política e informativa, pero también como reflejo de mi, de mis fantasmas, mis ideas, mis imaginaciones, alegrías y nostalgias.

La ciencia es genérica, el arte es individual.

Y, por esto, son varios los fantasmas, mis fantasmas, que los conozco menos de lo que me conozco a mi mismo, pero que son fantasma de mi.

Porque el día en que me dispuse a convivir con mis fantasmas, comprendí que debía aceptar la eterna creación que nunca voy a terminar: la narrativa que siempre hay que agregar un detalle más, el dibujo que necesita más paisaje, el tema que falta agregar a la publicación.

h1

Tus Demonios y Mis Fantasmas

Noviembre 21, 2008

Entre una de las tantas razones, creo que tus demonios, con los que he tenido que crecer todos estos años, han incentivado a mis fantasmas.

A que mis fantasmas me molesten y me hagan crecer más de lo debido.

Aunque en realidad tus demonios no sean más que excusas ridiculas.

h1

Shocklender XXXXII / en diez movimientos + posdata

Noviembre 15, 2008

1.

Focaccia italiana alle olive.

 

2.

Tengo un pan en mi pieza-casa-escritorio.

 

3.

Pain italien aux olives prêt à mettre au four.

 

4.

Que en españolito sería: Pan italiano con aceitunas listo para poner en el horno.

 

5.

El pan esta ahí, inmóvil, endureciéndose, y yo no me lo puedo comer, porque en mi pieza no tengo horno, no cabe, y creo que el hay en la cocina es un poco malo. Más aún, en las intrucciones dice: Etwas olivenöl und eine prise salz auf die focaccia dazugeben, lo cual significa, en la peculiar lengua de castilla, lo siguiente: Añadir aceite de oliva y una pizca de sal. Y yo no tengo aceite de oliva en mi pieza.

 

6.

De todas formas, es un pan grande, redondo y grande, con pintitas verdes de aceitunas y orégano, y comérmelo solo hubiese sido un poco fatigoso.

 

7.

Lo ideal sería compartirlo.

 

8.

Pero lo veo y noto que se esta poniendo un poco duro, como una roca o una nube congelada.

 

9.

Entonces me propongo, con mis largas manos y mis inquietas ideas, construir una tahona de panes eternos, que fabrique el más delicioso pan toscano, con las aceitunas de Olivia y la harina de molineros gigantes y coloridos que expulsen pájaros, sabores y aromas.

 

10.

Comenzaré por buscar los palitos con mi pan en el hombro.

 

Pd.

(Y sería interesante comentar un poco mi falta de comprensión lectora, de conectores o de plan de redacción: en la etiqueta del gran pan decía clarito “Nicht geeignet für die mikrowelle”, lo cual, si le sacamos todos los factores anglosajones y los pasamos a los cursis detalles del Reino de Castilla, significa: “No utilizar horno de microondas”.

No obstante, torpe y hambriento, yo estaba parado frente al microwave calentando mi focaccia italiana alle olive).

h1

Idea Fija en el Creador

Noviembre 15, 2008

El tema no se debe elegir: hay que dejar que el tema lo elija a uno. No se debe escribir si una obsesión no acosa, persigue o presiona desde las más misteriosas regiones del ser. A veces, durante años.

 

Ernesto Sábato, El Escritor y sus Fantasmas,

pág. 183, Editorial La Nación.

h1

Shocklender XXXXI / en nueve movimientos.

Noviembre 11, 2008

1.

De tanto Shocklender, me pierdo. No en la literatura ni en mi narrativa, sino que en los números romanos.

Creo que, en algún minuto, tendré que inventarlos y, de hecho, creo que ya lo estoy haciendo.

 

2.

Hasta el Shocklender XXXX, el anterior, estuve seguro, pues consultaba la enumeración romana de la capitulación del libro “El Tunel”, de Ernesto Sábato.

 

3.

Pero hay distintas cosas que no afectan mi ignorancia frente a los números, lo que, a mi parecer, es bastante positivo:

- Que mi amigo David (o Maxi o Antonio León o Deivid) se dedique a encarar a los candidatos municipales de la Concertación.

- Que, últimamente, ande en promedio tres horas diarias en bicicleta.

- Que pierdo mi tiempo jugando Winning Eleven 9 junto a Camilo.

- Que cuando va a haber un Mundial de Fútbol del mundo, fuentes bien informadas digan que Fidel Castro está a punto de morir, que, incluso, le quedan horas.

- Que estoy leyendo “El Proceso” de Frank Kafka y tenga solo diez capítulos enumerados en romano.

- Que me alegró ver a Felipe el otro día.

- Que son bacanes nuestros libros de vida autosuficiente.

- Y, por ultimo, que me quiera comprar “Prehistoria del Anarquismo” de Angel Cappelletti y sea muy caro ($12.500, en Librería Takk, costado Drugstore, Providencia).

 

4.

Quizás sea interesante pensar en las cosas que no nos afectan, en las no-causas y en las no-consecuencias. Resulta igual de interesante, y quizás importante, que buscar la responsabilidad individual sobre lo que nos ocurre a diario, bueno o malo, para dejar aquellas mañas o costumbres que nos hacen culpar a los demás.

 

5.

Hacer nada también es hacer algo.

 

6.

El silencio es una de las mejores respuestas.

 

7.

Siete.

 

8.

Es sutil, o aéreo, pensar en las promesas que uno hace, que casi todas las cosas que habla son promesas que se cumplieron o que se van a cumplir, o al menos eso pretenden. En cambio, no hablamos de las no cumplidas, pues no las recordamos, o las ignoramos.

 

9.

Que no es importante que Camiroaga le caliente la sopa a Bolocco.

h1

Iremos en Busca de Flores

Noviembre 11, 2008

Iremos en busca de flores.

Yo no lo sabré y tu tampoco.

Será un momento de imaginación, cuando nuestros pensamientos choquen y nos sentemos en un sillón de algodón.

Pero nadie lo sabrá, ni siquiera nosotros, porque no queremos que se enteren. En cambio, queremos ser secretos, invisibles, olvidados por quienes no queremos que nos recuerden.

Entonces, iremos en busca de tulipanes, manzanillas y amapolas. Crisantemos, lavandas y rosas.

No caminaremos, flotaremos para no hacer ruido o volaremos sobre partículas de dientes de dragón, al ritmo de las aves y al destino del viento. Y siempre aterrizaremos en nuestro sillón de algodón.

Será una realidad invertida, un lugar donde las cosas son como en realidad no son.

Cuando te pinches el dedo y el sueño derrita nuestros parpados, nos iremos a despertar.

Tú estarás llena de pétalos imaginarios y yo estaré cubierto del polen que dejamos en el viento.

h1

Shocklender XXXX / en cincuenta micromovimientos

Noviembre 6, 2008

1.

Inventar palabras para invitarte a vivir imaginaciones.

 

2.

Agradecer las palabras que me regalaste y que no te diste cuenta.

 

3.

Pensar en las trovas y en las canciones que me gustaría compartir.

 

4.

Creer en cambiar el mundo y recorrer lugares.

 

5.

Afirmar que uno es ateo sin recelo alguno.

 

6.

Defender la alegría, como dice Benedetti, y amar al misterio, como dice Galeano.

 

7.

Entender que uno no es raro por leer en el tiempo libre.

 

8.

Andar en bicicleta para acostumbrar el cuerpo.

 

9.

Vivir la belleza de la incertidumbre.

 

10.

Navegar en la madrugada.

 

11.

Compartir, enseñar y aprender.

 

12.

Buscar alternativas para plantearse frente al mundo.

 

13.

Volar como un avión o brillar como una luciérnaga.

 

14.

Insistir como una mosca.

 

15.

Ver películas  para pensar.

 

16.

Construir en base a la libertad.

 

17.

Criticar para no dejar de luchar.

 

18.

Amar de forma libre y sin dependencias.

 

19.

Crear para erigir los sueños hasta el infinito.

 

20.

Dejar que mi imaginación vuele muy alto.

 

21.

Dar vueltas en la noche y ser devorados por el fuego.

 

22.

Escribir para plasmar las palabras en la infinitud de su significado.

 

23.

Regalar para pensar en la otra persona.

 

24.

Leer para aprender de forma autónoma.

 

25.

Fundar esperanzas para nunca morir en el intento.

 

26.

Disfrutar de la anarquía y cantar en la miseria.

 

27.

Observar las estrellas con un astrolabio secreto.

 

28.

Abrazar fuertemente para dejar recuerdos.

 

29.

Besar, aunque sea con palabras, pero besar.

 

30.

Caminar, no solo en la calle, sino que también en la vida.

 

31.

Soñar y avanzar en su susurro.

 

32.

Pintar para dar sentido a las hojas blancas que empapelan el mundo.

 

33.

Admirar sin recelo alguno.

34.

Buscar sin saber el modo de hallar, para así conquistar.

 

35.

Amar, de nuevo, con pasión y proyección.

 

36.

Morir para alegrarse de vivir, de disfrutar el día y los momentos.

 

37.

Morir de verdad, sin paraíso ni infierno, sin reencarnación ni vidas metafísicas.

 

38.

Recolectar flores para adornar nuestras vidas.

 

39.

Dibujar en el cielo para mirarlo siempre.

 

40.

Sembrar, regar y cosechar para ser autosuficiente.

 

41.

Dedicar poemas y cuentos para entender a la persona.

 

42.

Transformarse  en la efímera muspula de las flores.

 

43.

Cocinar para comer las cosas que nos encantan.

 

44.

Tildar las palabras con acentos de comida.

 

45.

Ser responsable de lo que uno hace.

 

46.

Invitar a almorzar.

 

47.

Tomar hierbitas.

 

48.

Hablar de comida.

 

49.

Saber que nada está escrito.

 

50.

Y esto será siempre así, quedándote o yéndote (Luis Alberto Spinetta).

h1

Aceite de Oliva (o la hermosa historia de Olivia)

Noviembre 6, 2008

Los montes, eternamente crepusculares, del pueblo Gûida, eran cumbres enormes, más grandes que el mundo mismo, y estaban llenos de colores, aromas y especies silvestres.

Lejos del pueblo, a los pies del monte Olivä, vivía Olivia, muchacha no tan alta y de pelo dorado, junto a su madre. Trabajaban la artesanía, que luego vendían en un pequeño puesto que tenían en el pueblo y recolectaban las flores y frutos silvestres que se daban a los alrededores de su exigua casa.

            Cada amanecer, sin excepción, Olivia despertaba llena de energía, joven y hermosa, apasionada por su vida y sus sueños, y tomaba su bicicleta para subir al monte Oliva, con su vestido verde, su pañuelo naranja y su pelo suelto.

Allí, se sentaba en una roca o en un tronco a escribir las poesías frente al vasto e idílico paisaje que se presentaba, elegante y natural, frente a sus ojos. Envuelta de los aromas, las mariposas, la múspula de las flores y las aves, Olivia miraba el cielo, pensando en qué hacer, cómo enfrentar la hermosa incertidumbre del lugar donde vivía. Ella siempre soñó con ir más lejos, abandonar Gûida y el monte Olivä que la vio crecer, para entregarse a la infinita vida de los viajes.

            Con el sol encima, Olivia comprendía que debía volver a casa, a ayudar a su madre con el almuerzo y a preparar sus cosas para ir al pueblo a vender la artesanía.

 

I.- Las Aceitunas no son para el Verano .

Las enormes praderas que rodeaban la casa de Olivia, tenían extensas columnas de olivos, enormes y frondosos, ricos de aceitunas, que teñían el tímido paisaje que se asomaba por la pequeña ventana de la habitación de Olivia.

Ella se encantaba con aquellos árboles, no solo porque amaba sus frutos, sino por que con ellos había compartido la nostalgia solitaria que la envolvía, de vez en vez, en su cuarto.

Pero era verano y las aceitunas no son para el verano. Durante esta temporada, los olivos tienen aún sus frutos en crecimiento, están menudos y tímidos entre las ramas, y el árbol depende cariñosamente de la tierra, que alimenta sus raíces con agua y minerales, y del sol, que da vida a sus hojas con la luz que le entrega día a día. Y de este trabajo colectivo, autorregulado y natural, nacen aceitunas hermosas, que brillan por si solas y que empañan de aroma la ventana de Olivia.

Tranquila, ella espera el otoño, mirando el calendario y el sol, y se prepara para cosechar las aceitunas que vuelven a nacer, como circulo infinito, como halo de colores que nunca acaba de bailar sobre los olivos.

 

II.- Las Aceitunas más Grandes son para el Otoño y se Sacan con la Mano.

Cuando los días empezaron a ser medianamente más cortos y el paisaje tornó a marchitarse un poco, Olivia fue a ver cómo estaban las aceitunas.

Alegre, fue testigo de enormes aceitunas y de alegres olivos que brillaban por sus frutos. Olivia corrió a su casa a contarle a su madre.

Allí su madre cocinaba espárragos y le replicó que no perdiera el tiempo, que fuese a buscar el canasto y que tomara la bicicleta para ir a recolectar las aceitunas más grandes, ya que esas se sacan con la mano.

- Ve pronto, Olivia – Gritó la madre por la ventana, mientras la muchacha partía en bicicleta —Puede que lleguen otros paisanos a sacar aceitunas.

            Pero no llegó ningún lugareño, ni don Renzo ni Manfio ni nadie, y Olivia llenó su canasto de verdes aceitunas.

            - Han quedado bastantes aceitunas en los olivos – pensó la muchacha —Algo habrá que hacer.

            Con el canasto muy pesado, Olivia llegó exhausta a casa.

A pesar de su obvio cansancio, comenzó a hacer todos los preparativos para encurtir las aceitunas en los viejos frascos gigantes que había dejado el abuelo como única herencia.

 

III.- El Arte de Encurtir Aceitunas.

            Manfio, lugareño que vivía a unos treinta minutos de casa de Olivia, era fabricante de vinagres, incluso, en el pueblo tenía fama de hacer el mejor vinagre de todo la provincia.

La Madre de Olivia había intercambiado unos platos artesanales por varios litros de vinagre a Manfio, por lo que no tuvieron problemas para encurtir las aceitunas. Además, los frascos del abuelo nunca fallaban, eran enormes y llenos de sabiduría (y tenían tapas de colores).

Caída la noche en los pies del monte Olivä, la muchacha guardo junto a su madre los frascos en el cuarto contiguo a la habitación de Olivia, donde tiempo atrás durmió el abuelo.

Casi sonámbula, Olivia fue a dormir, entre los cantos de los grillos que vociferaban himnos improvisados de la vida de insectos. Con sueño y junto a sus sueños, recostó su cuerpo sobre la vieja cama, que cada día cruje más, y observó, por un breve instante, las luciérnagas que estrellaban el techo de su cuarto, como un retrato improvisado del espacio sideral, y que luego quedaron impregnadas en sus pupilas.

 

IV.- Sueño de Aceitunas y Luciérnagas.

            Aquella noche Olivia durmió más profundo que nunca, cuan estado de suspensión en el aire inmóvil.

Las luces suaves y delicadas que dejaron las luciérnagas grabadas en sus ojos, la llevaron a formar las figuras más etéreas en el espacio de sus sueños.

Fue una noche profunda y plena, donde los sueños y la realidad se confundieron en el mismo matiz de vida.

Por esta razón, Olivia amaneció renovada. La noche la había hecho renacer y eso a ella no le molestaba. Sintió que era hora de armar sus ideas y sueños.

Y así estuvo hasta finales de invierno, recogiendo planes y buscando la forma de ganarse la vida de forma independiente y consecuente.

 

V.- Las Aceitunas de Invierno se Sacan Golpeando las Ramas con una Vara.

            En los casi ancestrales olivos de su tierra, aún quedaban muchas aceitunas. Estas estaban marchitas y no servían para encurtir.

Un frío día de septiembre, Olivia pasó la tarde entre los olivos, mirando las avejentadas aceitunas, verde oscuras y tristes, pendiendo en el aire, apunto de ser botadas por el viento.

La muchacha trepó el olivo más grande y se sentó en su copa, a pensar junto a su croquera y a disfrutar los pequeños céfiros que movían su pelo. Es ahí cuando recuerda a su fallecido abuelo, que murió perdido en las montañas. Aquel hombre nunca desperdició un solo fruto de la tierra, o al menos los que por sus ojos pasaban, y siempre conocía alguna receta para degustar la fruta por más madura y marchita que esté.

Y Olivia recordó que sí, que había una receta para las viejas aceitunas de finales de invierno.

Bajó apresuradamente del árbol y fue rápidamente a casa.

Allí entró a la pieza de su abuelo, donde guardaban las aceitunas encurtidas, y comenzó a buscar el libro de recetas que él mismo había escrito entre los enormes frascos que entorpecían la visión y el paso.

Luego de largo rato de búsqueda, Olivia se tendió en el piso de la habitación, casi sin esperanzas. No obstante, cuando apoyó su espalda en la pared, sintió que una tablita se movió tímidamente hasta caer. Ella se volteó extrañada para ver qué sucedió y vio que, entre la tabla y la pared, había un pequeño agujero que asomaba el viejo libro artesanal del abuelo.

Feliz y radiante, Olivia dio un brinco y corrió al comedor a leer el libro, el cual, en vez recetas, traía los más simples y bellos secretos culinarios que el abuelo había aprendido a lo largo de su vida.

Ojeando las páginas, enumeradas sin orden alguno, encontró una página titulada “No sólo se puede vivir a base de aceitunas, pan y vino, sino que de este fruto se obtiene el mejor aceite comestible del mundo”.

- Largo titulo – pensó Olivia — Buscaré a qué se refiere.

            En las siguientes páginas, el abuelo no sólo explicaba la forma de encurtir la aceitunas mediante ilustraciones que él mismo hacia, sino que también hablaba sobre qué hacer con las desdichadas aceitunas de invierno:

            - Las testarudas o desafortunadas aceitunas que cruzaron el duro invierno, aún pueden florecer de sabores y aromas (y supongo y creo que todas las frutas pueden) —reflexionaba el abuelo en el libro —. Hay que extender enormes lonas debajo de los árboles, lonas firmes y coloridas, y luego golpear con una vara las ramas del olivo, para que caigan las arrugadas y veteranas aceitunas.

Aquellas aceitunas, a pesar de todo vivas y radiantes aún, hay que exprimirlas para obtener el aceite.

 

VI.- Atisbos del Viaje.

            La madre de Olivia sabia que su hija podía enfrentar el viaje que soñaba realizar, de no solo conocer lugares sino que, también, vivirlos y amarlos. Tenía plena convicción de la educación que le dio, autodidacta y autónoma, y suponía que las viejas enseñanzas del fallecido abuelo anarquista, que luchó décadas atrás por aquellas tierras, serían pilares firmes que la acompañarían durante el viaje, o el viaje de su vida, o su vida en sí.

Olivia había trabajado vendiendo aceite de oliva y aceitunas en el pueblo, y le había ido muy bien. Tuvo fama inmediata por sus deliciosos víveres, los cuales los vendía o intercambiaba en la entrada de la feria central.

Ella comprendió que la cosecha de aquel año era la invitación que el mundo le estaba dando para que lo fuera a conocer. Los olivos, que la amaban desde que era una pequeña niña, soñaban con verla recorrer las pampas y los montes, los mares y los pueblos, en una travesía infinita por paisajes distintos y bellos, naturales e inhóspitos, plagados de animales, aves, flores, frutas y frágiles corazones de insectos.

 

VII.- La Vida es para Todas las Temporadas: Todos los Días Florece.

Un día, durante el otoño del año siguiente, Olivia decidió partir. Se despidió de su madre y le prometió volver algún día.

El día anterior había estado reparando su bicicleta y arreglando su mochila en su cuarto. Cuando miró por la ventana, notó que los viejos olivos no habían dado frutos ese año, que solo tenían hojas y pájaros.

Sorprendida, un tanto confundida, fue a visitarlos, a conversar con ellos. Los árboles, silenciosos y bellos como siempre, sentían la nostálgica alegría de no ver más a su amada Olivia, que su vida se entregaría a las inesperadas aventuras del viaje y la incertidumbre.

            Y la niña, más joven y hermosa que ayer, más brillante y llena de colores, partió montada en su bicicleta, con su mochila y su canasto, con el libro del abuelo y los consejos de mamá y, sobre todo, con su croquera y sus poesías.

Su madre la observó, hasta que se perdió entre las montañas y sus pasadizos inconexos. Olivia conocía el camino y los caminos, pero no sabía que los olivos nunca más darían una aceituna, pues habían entregado toda su energía a la pequeña muchacha, para que su vida floreciera todos los días, para que su corazón germinara en cada amanecer.

h1

Shocklender XXXIX / en ocho movimientos

Noviembre 1, 2008

1.

¡Como es la vida y el amor! o ¿Cómo es la vida y el amor? mi exclamación-interrogante, me tiene en una atmósfera lírica nueve horas y media diarias de lunes a viernes.

 

2.

Me he enamorado del aire, de la nada. Me he enamorado por que sí. Sin sentimiento intrínseco de por medio y expuesto a factores exógenos que moldean mis sentimientos amorosos.

 

3.

Pensando en situaciones inexistentes que me reflejan sin saber porqué y observando siluetas invisibles que no conozco, pero que están junto a mi.

 

4.

Últimamente he escuchado la radio FM Dos, la radio de los dos, desde las 9.00 horas antes del meridiano hasta las 18.30 pasado el meridiano.

Se han metido hormigas sonoras por mi oreja hasta mi mente, cantando las melodías de Luis Fonsi, Enrique Iglesias, Sin Bandera (que es como punk), Chayanne, RBD, Alberto Plaza y todos sus acompañantes de música uniforme y amorosa.

Y como no dije, pues lo escribí, me he enamorado, como un loro que mira por su jaula a una lora verde amarilla, o como un columpio que rompió su cadena por ir a abrazar al resfalín.

 

5.

Trapeaba el piso, agotado de mi falda y mi sucia polera cafetera, y oía la música junto a las hormigas que la coreaban, mientras pensaba (pensaba sin aprender) en lo que decía la(s) canción(es): que no te aproveché, que el tiempo que no supe ver, que eres tan perfecta como imaginé, que voy a esperar y esperar y esperar, que me debo ir, que soy una muchacha grande, que eres tan inalcanzable, que las olas que ya no quieren volver, que tu no sabes quién soy y yo no sé quién eres tu y en realidad quién sabe qué somos los dos, que ese soy yo, que te amo, que te extraño, que te dejaré, que bendito sea Dios por encontrarnos, que nuestro amor se está cayendo a pedazos, que prefiero salir con mi pandilla.

 

6.

Nada de lo que decía esa música de mierda me reflejaba, pero sí, rayos que sí, me conmovía.

Me conmovía, y debe estar hecha para eso (hecha como producto musical de venta), y me enamoraba. De nadie, pero me enamoraba. Me estrujaba el corazón, me ponía nostálgico, recordando los recuerdos que no tengo.

Y aunque, luchando conmigo mismo, lograba quejarme y zafarme de esa estúpida cólera amorosa y uniforme en la que me veía sumergido, una hormiga calipso me decía: Pero estas cosas te pueden llegar a suceder, mi querido amigo. Pensaba, entonces, yo, en los recuerdos del futuro y me enamoraba. De la Inés de Suarez, de la Petronila Guayuco, de la Reina Sofia o de nadie, da lo mismo.

 

7.

Terminado el día, el día laboral, ya logro ser yo, logré ser yo, descansar, oír mi música, en la me veo volar y soñar, interpretar de mi forma.

 

8.

Y enamorarme del amor en sí.