I.
He estado pensando en la imposibilidad de vivir momentos plenos al lado del mar. Más aún ahora, en que todo anda tan aturdido y desgastador.
II.
Stevenson, literato de todos los tiempos, habla de la Isla del Tesoro y pensamos que ésta debe ser lejana, ajena, fantasiosa, pero nos equivocamos. O Hernán Melville narra aquel hombre, aburrido y sin nada que lo ate a tierra, se sube a un barco para perderse en el altamar, en búsqueda de los misterios balleneros, cuan Richie Tennembaum.
III.
Pensamos todo tan concreto o divino, científico o religioso, y se nos olvida la gracia de alejarnos de las cosas establecidas, de filosofar sin misticismo ni verdades determinadas, ni siquiera porque un pensador lo dijo y debe estar en lo cierto.
IV.
Sin duda, hay cosas incontrolables. Y son hermosas.
V.
Dijimos que queríamos salir a vagar, nada más que caminar a la deriva de los rascacielos de las ideas, que no solo se presentan en las palabras, sino que también en cada paso que uno da.
VI.
En términos más simples, las ideas abren senderos: las calles, las veredas, los postes, las esquinas: todo esta marcado en la ciudad, geográficamente planificado para acostumbrarnos a ella, y eso crea, inevitablemente, sesgos mentales.
VII.
Fuimos al mar a discutir sobre las bases de las ideas esotéricas, a criticar las interpretaciones premonitorias del sueño y de las experiencias metacorporales. Concordamos en que no estamos de acuerdo con esa metafísica extraña, pero quedamos con cierto halo de misterio de comprender a aquellos que profesan aquellas posturas.
VIII.
Pero terminamos en el centro comercial, comiendo grasas y ensordecidos por la incapacidad de no dedicarnos a incendiar, con fuego o sin él, estos lugares. Es extraño.
De hecho, luego nos criticamos: Bruno me dice cucaracha por comer pan con papas fritas, cebolla frita y huevo frito; deducimos que Carlos será un obeso por comer demasiadas promociones de helado y que Kevin morirá acuchillado en las calles de la refinería de petróleo.
IX.
Más aún, escapamos del inmundo centro comercial y seguimos criticando mientras caminamos por las calles: llegamos a la conclusión de que perdemos nuestro tiempo en ideas poco claras y, para enmendar el error, traducimos fragmentos de griego, aunque no dejemos de hablar de la poética del deambular sin rumbo por las calles de cualquier ciudad.
X.
Son constantes contradicciones, lo sabemos, y andamos poco claros por la vida. Apophasis que choca entre nosotros, hacia fuera de nosotros, hacia dentro de nosotros.
A veces dudamos, y tememos un poco, en qué iremos a terminar: mientras haya tiempo que asesinar para que nazcan otros nuevos.

Toby Tyler y su Mono a la deriva circense.

















