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Pot Be Bop Q

Junio 26, 2009

I. Todo tiene derecho a causar distracción.

II. O quizás no es que tengan derecho, sino que inevitablemente causan distracción.

III. Y me refiero a todo: desde el ojo de un títere a un diccionario sobre personajes celebres de la humanidad.

IV. La distracción debe ser causa de la angustia. De una angustia en menor medida, pero angustia al fin y al cabo. Angustia, por ejemplo, de no hacer lo que se tiene que hacer o no estar al tanto de lo que se está estando debido a la falta de interés en ello. Es como un ahogo que encuentra respiro en cualquier actividad que sea lo más distinta y abstracta posible de la que se está realizando.

V. Muchos lo experimentamos constantemente en nuestro periodo escolar, cuando debíamos estudiar para cierta asignatura que nunca nos agradó:

[Antes de empezar el estudio ordenamos toda la materia (hojas del libro a estudiar, cuadernos, guías, apuntes fotocopiados del compañero) y nos disponemos a estudiar. Ante el inminente aburrimiento, empezamos a pensar en cualquier cosa que no sea la materia estudiada y, sin querer, recordamos todas las cosas que olvidamos recordar, no por olvidadizos sino porque no tienen relevancia, y comenzamos a ordenar el armario o la mochila para mañana, a leer alguna definición en el diccionario y dedicarse a mirar las fotografías y la densidad demográfica y superficie total de Kenia.

Así y más, se nos pasa la tarde y pensamos: “tomo once y sigo estudiando”, acción que demora algo más de una hora.]

VI.

Pero sucede algo curioso: cuando el ahogo es demasiado, éste vence a la distracción, pues llega la noche y no tenemos tiempo para estudiar y la prueba será mañana a primera hora. Los caminos se cierran y el ahogo es inaplazable. Nos hundimos.

VII.

No hay problema con celebrar a la distracción, no cabe duda que es bella. No obstante, al final del camino los paisajes son irrisorios y todo el material endeble construida en ella se desploma sobre nosotros y caemos, por dramático que suene, en el tehom, en el abismo insondable.

VIII.

La distracción nace de asuntos importantes.

Fotorafía de una mente distraída.

Fotografía de una mente distraída.

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