Archivo de Agosto 2009

h1

Pot Be Bop S

Agosto 21, 2009

I. Caelum, non animum, mutant ii qui trans mare currunt. El cielo, no el ánimo, cambian los que corren al otro lado del mar.

II. El paisaje cambia: mi entorno: los árboles, el corazón que pintaste, el río que corre contaminado, la perrita Vicky, los puentes, el viento del estero, el frío de los autos.
No obstante, me siento igual que siempre. Un poco más incómodo, nada más. El tormento y la alegría son las mismas. No sé por qué.

III. Tiempo atrás, vivía en una pieza construida para las empleadas domesticas en la cocina. Ahí tenía un precario escritorio y un colchón en el suelo. Salía a andar en bicicleta por las noches, comía queque con C. y tomaba once con M.

IV. Luego viví aledaño al hospital, escuchando tragedias y mirando ambulancias ir y venir. Ahora estoy entre los cerros, en una pieza con mi hermano.
Antes de todo esto, viví con mis abuelos. Ellos se alarmaban si yo llegaba después de las ocho de la noche.

V. No estoy seguro si esto afecta a los cambios de uno. Temo que no. O quizás no me afectan a mí ya que estoy acostumbrado al cambio geográfico:
Cuando mi madre llegó a vivir a Concón, la primera vez que abrió la puerta del departamento la chapa se rompió, se reventó. Según ella, eso era símbolo de mal augurio. En un principio lo ignoró, después lo culpó. En efecto, dijo que la casa fue la causa de sus fracasos laborales.

VI. No me parece bien: los lugares no se construyen por cuatro paredes, sino por quienes lo habitan, y los lugares que habito, tantos ya, los transformo y me siento augusto en ellos: todos los sitios del mundo tienen nostalgia, pues en cada uno de ellos extrañaremos a otro. Todo parece ser distancia y siempre estamos distantes de algo, de alguien: de viejos días, de personas queridas, de amores lejanos, de amores inconclusos, de tardes solemnes, de días límpidos.

VII. Pienso como la anarquía: como un río subterráneo.

Parque de Atracciones

Parque de Atracciones

h1

Pot Be Bot R

Agosto 19, 2009

I. Prometieron lluvia para hoy y salió el sol radiante: las personas nunca podremos establecer cosas, todo es incólume, no nos esforcemos en parametrar todo, es inútil e innecesario.

 

II. No existe en mí un hábito de escribir, no tengo un horario, tampoco un lugar fijo: ahora me muevo más que nunca y los espacios son cada día menos estables.

 

III. Pero independiente de esto, han existido momentos en que no he podido acoger lo que él mismo me exige, por interrupción o falta de creatividad: definitivamente, no puedo tener una fórmula para fabricar narrativa cada vez que soy víctima de inspiraciones y suspiraciones.

 

IV. El problema es continuar, tratar de construir un bote que se encaucé por las entrañas vertientes que alimentan el río: pierdo el hilo y no puedo conectarme.

 

V. Ahora he estado pensando en retomar mis narrativas incompletas, abandonadas hace un año o dos, y que me parece que sería un error dejar tiradas:

- Historia de cuando viví en un iceberg.

- Historia de cuando te conocí en el estomago de un dinosaurio.

- Camomile.

- Historia del tren expreso por el entresueño.

- Historias de cuando todos duermen.

- Historia de mi amigo piedra.

 

VI. Tengo todos los libros embalados y quiero leer. Quizás por eso escribo cosas tan irrelevantes. La bicicleta está mala y la ocupan para colgar toallas.

h1

Moriremos como dinosaurios

Agosto 14, 2009

Estuve enfrentado a una profunda soledad universal: el viaje fue tan largo que me quedé dormido y cuando desperté la voz en off de la nave espacial me comunico que me encontraba a 28.000 años luz del planeta tierra.

Desconcertado miré a mí alrededor. Encontré cosas, pedazos de roca o trozos de hielo, y vi cosas, enanas blancas o agujeros negros, y sin embargo me sentí perdido.

Sinceramente, no comprendo por qué el universo se expande ante mis brazos y yo temo caer en él, pues sé que allí se esconden mis raíces y de todo lo(s) que me rodea difuminadas en partículas y oscuridades. Pienso que el espacio sideral, el espacio de las estrellas, debería ser perfectamente familiar: estoy en él, al fin y al cabo.

            Pero esto significa aceptar mi condición y por lo tanto debo admitir que soy pequeño, que estoy metido entre medio de los cerros y no soy capaz de subirme a la cima de ellos: esta pequeñez es exageradamente finita.

            Desconsolados, a pesar de la compañía, ante nuestras dudas sobre la existencia, y sorprendidos ante quienes han sabido responderlas de forma tajante y dogmática, sin creerles mucho y entregándonos a la incertidumbre de la muerte.

            Durante este viaje a través del universo, me olvidé de mi lugar: la insignificancia es de fácil desprendimiento. La tierra ya no estaba y yo la pensaba desde afuera: no era eterna, somos accidentes, no hay milagros.

¿Y para qué tanta pasión si el sol se va hinchar hasta explotar? ¿Para qué pensar en la eternidad si lo orgánico muere y cambia? Yo estaba suspendido en medio de las constelaciones y las preguntas caían: me golpeaban meteoros, me tragaban agujeros negros, estrepitosas gravedades me azotaban contra enormes planetas y me congelaban las bailarinas colas de los cometas. Me golpeaba el universo, a final de cuentas, y no era precisamente para matarme.

            Porque esta inconclusa existencia, donde el sentido de la vida siempre ha sido una pregunta, tan profunda en dudas y tan atiborrada de respuestas extrañas y dogmas ridículos, no es para dejarse llevar por la perdición de un estado atormentado de soledades y certidumbres.

            Claro está, mi viaje acabó a millones de millones años luz, cuando el universo nació de una pequeña y precisa explosión, sin gracia divina o razón alguna. Y las cosas siguieron chocando, explotando e invadiendo el espacio de colores.

Y nosotros también nacimos de explosiones: nuestros padres se hallaron como dos galaxias que van a colisionar e inevitablemente van a crear una nueva. Y me imagino que otros hermosos choques y explosiones han estado presentes en nuestras vidas. Siempre son los choques, el ruido, el silencio profundo que se transforma en ruido, los que llaman nuestra atención.

¿Será entonces esta vida, este pedazo de tiempo nuestro, para quedarnos estáticos? ¿Para comprometernos con verdades infalibles? ¿Para situarnos en la cómoda postura del dogma? ¿Acaso alguien tiene alguna certidumbre? En efecto, la incertidumbre puede ser una.

            Estamos quienes no tenemos todo claro y lo admitimos sin escrúpulo alguno, y dedicamos nuestra vida a la explosión, a la actividad, al movimiento: a la utopía. Nos proyectamos libres y hermosos y detestamos la vida establecida ¿Qué puede estar establecido? ¿Acaso el Estado es necesario? ¿Sin el capitalismo la vida no existe? Siempre las cosas pueden ser de otra forma.

            Cuando me encontré deambulando por nebulosas lo pensé: moriremos como dinosaurios, quizás más, quizás menos hermosos que ellos. No es que el colapso mundial sea inminente, eso no tiene sentido, sino que esta pequeñez no asegura nada: pensar que le vida es de cierta forma es una muerte silenciosa.

Los dinosaurios hacían de las suyas cuando aquel meteoro cayó sobre la faz de la tierra y ellos, con toda su fortaleza y dientes grandes, no pudieron evitarlo ¿qué estaremos haciendo nosotros?

            Lo único que queda es estrujar, pensar en el néctar, extraer a la vida misma.

h1

Lamento

Agosto 12, 2009

He estado leyendo a Chejov y me ha dado frío.
Solo he estado escribiendo asuntos de mi viaje espacial, cosas que no tienen relevancia alguna.
Por lo pronto, la nostalgia del TLC y la vida de El Areópago Libertario , son los causes de los barcos. También turismo por la ciudad y vivir sin techo.

Con mi hermano buscando casa sobre un caballo.

Con mi hermano buscando casa sobre un caballo.