Archivo de Noviembre 2009

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Pot Be Bop V

Noviembre 4, 2009

I. González Vera se justifica: como anarquista podía abandonar aquello que me hastiara y recuperar mi libertad.

 

II. De esta forma, narra los diversos oficios a los que se dedicó, no por mero capricho, sino por necesidad. Necesidad que, podemos ver, demuestra que el ser humano no es ineludiblemente esclavo de sus necesidades: uno puede ordenarlas y no morir en el intento de vivir de acuerdo a sus propias ideas.

 

III. Cuenta González Vera que, viéndose afligido por la falta de dinero, tuvo que vender los libros que traía en su maleta.

Por aquel entonces se encontraba en el Puerto de Valparaíso y, en la faldas del cerro, donde antiguamente se encontraba la subida San Juan de Dios, puso unos periódicos en la acera y colocó sus libros.

Afortunadamente, un caballero que iba en un burro le compró un diccionario.

 

IV. Yo, lector infatigable de los literatos libertarios, me quedé pensando en González Vera y le comenté a B. que tenía ganas de ir a Valparaíso. Unos compañeros nos ofrecieron ir a embriagarnos, pero nosotros queríamos ir a delirar a las calles de Puerto.

Por mi parte, tenía ganas de conocer la subida San Juan de Dios.

Mi amigo B. no la conocía y luego comprendimos que ya no existía, lo que haría, sin duda, más difícil el encuentro de los periódicos de José Santos.

Sin embargo, las gracias del azar nos guiaron por los caminos correctos. B., de un momento a otro, dice:

- Mira ese cartel.

            De inmediato miré y había un cartel que decía: “ex calle San Juan de Dios”. Alucinado, miré a mi alrededor, me asomé por las calles que daban al cerro y me imaginé a un joven González Vera gritando datos biográficos de Rubén Dario y Joaquín Edwards Bello. Yo estaba caminando junto a B. sobre un burro y necesitaba un diccionario.

 

V. Lo cierto es que ese cartel está donde se encuentra el Museo de Historia Natural de Valparaíso y en la entrada había un enorme pelicano disecado.

Un caballero nos dijo que la entrada era gratis y sin cavilar entramos al museo a aprender cosas nuevas.

Dentro de él había una guagua bicéfala, un cerdito cíclope y un perro de ocho patas. Indistintamente, nos comentaban el asunto de las placas tectónicas, las técnicas de buceo de las antiguas indígenas y los usos de la carragenina.

 

VI. Si bien, perdí el hilo de mi pequeña investigación geográfica, no dejé de lado las perspectivas cotidianas de González Vera: ¡Qué agradable es vagar sin rumbo, entregarse a lo improvisto, tener una tarde para hacer algo que no sea útil!. Llega un tiempo en que todo es regular y rutinario. Cómo seguiría enriqueciéndose la existencia si cada día pudiéramos perder una hora.

 

VII. En efecto, con B. seguimos caminando por las calles del puerto.

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Distance / Gelatus

Noviembre 4, 2009

1. La distancia se acaba, el tiempo que pasa nos acerca.

 

2. En medio del camino siempre tuvimos nuestra gelatería escondida, donde saboreábamos deliciosos helados de alegres colores.

 

3. Yo siempre traté de determinar sabores de acuerdo al clima, pero para ti la frutilla trasciende todos los tiempos: tu frutilla a la crema reina cuando llueve o cuando hay sol.

En cambio, yo digo que en invierno hay que tomar helado de chocolate con avellanas y en verano dedicarse a la piña y a la naranja.

 

4. Siempre discrepamos en torno a la mezcla de sabores y texturas. Nunca estoy de acuerdo a tu concepción del helado, creo que carece de estructura y conexión: tu sientes pasiones por el helado, yo veo construcciones posibles en él.

 

5. Tus pasiones por el helado, a diferencia de las otras pasiones, no es motivo de movimiento, pero sí de desplazamiento: eres capaz de cambiar tus rumbos determinados con el fin de adquirir un cono de helado, sin embargo, no te mueves entre los sabores, siempre quieres algo rojo o rosado con toques blancos.

Por mi parte, en mi concepción constructiva del helado, trato de investigar todos los sabores posibles, con el fin de entender las mezclas posibles y las elecciones perfectas para los distintos estados de ánimo: después de una larga traducción de griego, es necesario un chocolate con avellanas.

 

6. Como ningún otro año hemos comido helado y ahora que nos miramos sentimos sabores dulces en nuestras bocas.

Tu lo sabes, yo soy muy apegado al helado, pero con respecto a ti, admito que lo dudo: a veces pienso que me miras como si yo fuera un churro relleno de manjar.

 

7. Lo que no dudo, es de nuestro amor gastronómico, y que para mi también es astronómico: nuestras tardes en la cocina, mi panza veraniega, mis huesos del litoral, mi carencia de almuerzo, las humildes loncheras llenas de comida que cargas en mi hombro durante la madrugada de los lunes, las noches frente a Santiago esperando las papas fritas, el viejo picnic en la rivera del río, las torres de panqueques, los huevitos de colores que comimos en el muelle, mis complicados vegetales.

 

8. Te miro desde acá, más flaco que antes, y dejo mi cuerpo en el lomo del viento, esperando que me lleve desde el mar hasta tu cordillera, tu cordillera que parece que es la tierra misma con la panza llena, del mismo modo como deseas que mi panza crezca. No obstante yo vivo en el mar y en el mar la altura le pertenece a las olas.

Las olas son efímeras.