
Formas de despegue
octubre 18, 20101. La libreta astronómica, único telescopio que traigo conmigo, tiene figuras y planes que desarrollan las formas en que iniciaré el despegue. A través de ella miro la bóveda estrellada, me pregunto por su extensión y las posibilidades de habitar en alguna casa abandonada que se encuentre entre los soles distantes. Estudio las distancias, abismales para mi entendimiento, y determino el modo en que enfrentaré las adversidades del espacio sideral. Uno de mis manuales de astronáutica señala respecto a los viajes cósmicos lo siguiente:
«El estudio de los efectos de las radiaciones de los rayos cósmicos primarios en regiones totalmente fuera de la atmósfera, con exposición de varios días, resultará de valor fundamental, inapreciable, para investigaciones de radiobiología y el ulterior desarrollo del vuelo en el espacio sin aire.» [Astronáutica, Ernesto Mayer. Ed. Universitaria, 1956, p.88]
O mi cuerpo siempre ha sido apto para vivir entre los astros o tengo que comenzar a entrenar, girando desprendido constantemente, para poder realizar el despegue.
2. Quizás siempre he vivido en regiones totalmente fuera de la atmósfera.
3. Mi telescopio, por lo tanto, desglosa, someramente, el lenguaje oculto del espacio, el más silencioso de todos, el de palabras desbordadas e imágenes difusas.
4. A veces, desde mi ventana, extiendo los abrazos hacia el cielo, en forma de astrolabio, para medir la altura de los astros. Anoto coordenadas, posicionamiento de ciertos planetas y trato de expresar mi lejanía.
5. En mi bolsillo de astronauta llevaré semillas de eneldo, ligeramente soporíferas. Le colocaré un casco a mi flor y dejaré que se vaya.
6. Por el momento, tengo un extraño mapa guardado en el pantalón, un telescopio de papeles, una flor solar, una ventana grande, una caja, una libreta pequeña y la insistencia, sobre todo la insistencia, de las regiones totalmente fuera de la atmósfera.







