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La Bicicleta y los arándanos

octubre 25, 2010

1. Mi bicicleta también tiene lenguaje: expresa cosas, retrata pedazos de aquello que nos acontece a ambos, reclama por sus constantes abandonos.

2. Cuando la compré, hace tres años, tenía un canasto en su delantera: un canasto viejo, amarrado con un alambre al manubrio y abollado en gran parte de su superficie. En aquel entonces, yo no supe para qué servía dicho canasto y sólo dos años más tarde opté por sacarlo.

Hace tan sólo unos días, mientras recordaba los viejos trayectos en calle Almagro, entendí lo que mi bicicleta quería decir: su canasto abollado pretendía llamar mi atención para que fuera con ella a recoger arándanos, nada mejor para aquellos días y hermosa metáfora para entender hoy.

3. Andar en bicicleta, en las noches frías para cantar o en las mañanas de sol para desayunar, era una invitación para salir a recolectar arándanos y quedar con las manos azuladas, extendidas completamente hacia el sol, impregnándose el color de las frutas.

4. Mi bicicleta es azul y si fuera un poco más oscura, sería azul como un arándano. Ella, imagino, aspira a eso, a pesar de que yo arranqué su canasto. Porque en estos años, que ha viajado junto a mi, me ha explicado que, si bien ella está un poco vieja y oxidada, aún vive lo suficiente como para subir a la montaña en busca de los arándanos, donde crecen silvestres y en climas fríos, exigiendo, dado que son incapaces de absorber la humedad, que el agua llegue a sus raíces: la vida un poco más firme.

5. Este invierno, afuera de casa se llenó de orugas, que subían hacia el cielo y morían en el intento. Nunca vi una mariposa. No obstante, las orugas gustan formar sus tiendas de seda en las hojas del arándano y yo, que nunca coseché y me deshice del canasto, no les tenía ninguno.

6. La bicicleta, que aún vive contemplando a este joven que pide velocidad con rulos aireados, insiste, como si ella fuera una gran anarquista, en que yo comprenda, a través de sus crujidos, el lenguaje de los arándanos y el tiempo: tras haber adquirido el color azul, su dulzura tarda diez días en llegar, momento en el cual el fruto se ablanda. El arbusto, que crece con lentitud y demora ocho años en dar una cosecha completa, debe ser sacudido suavemente: aquellos arándanos que estén listos, caerán por sí solos, mientras que aquellos que no maduran aún, resistirán.

7. El arándano debe ser cultivado en un lugar aireado: hay momentos en que adquiero mucha velocidad sobre mi bicicleta y mis rulos, a quienes libero, quedan aireados, moldeados por el viento y separados entre sí. Pensé que, quizás, mi cabeza sea un buen lugar para sembrar arándanos. Ya lo veré.

8. La semilla del arándano se adhiere dichosa a la tierra, y, sin embargo, no se apresura en crecer. Sus primeros brotes, su búsqueda del sol carece de ansiedad alguna. Se extiende con lentitud, para que sus frutos crezcan silvestres en el frío y, dulces y azulados, caigan sacudidos por el viento cuando su abismo sea inevitable.

La dictadura de la belleza

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2 comentarios

  1. ¡Me encanta!


  2. Bien dice Gregorio que a lo inevitable no hay que temerle. Eleuterio recoge frambuesas y ambos entienden que cada fruta se trata de manera diferente pues hay tiempos de resistencia que respetar.
    Yo no sé, alguna vez tendré que agradecerles.

    No subestimes a tu bicicleta Diego, ella ya es una gran anarquista.



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