
La Plataforma y los Peces
noviembre 11, 20101. ¿Qué era aquello que brillaba en los confines del universo? La vida subterránea se me figura más bella en el espacio sideral: oculta en la inmensidad, perdida entre las inexistentes rutas oceánicas.
2. Joven que duerme mirando el cielo. Piensa que algo hay en él: contemplación necesaria, que corre el peligro de ser demasiado extensa debido a la belleza que nos enfrentan los cuerpos siderales.
3. ¿Qué palpita dentro de la cabeza? ¿Qué golpea dentro de uno? Wacquez parece responder:
era un fruto que se gastaba entre los hombres, que hablaba de respirar, de moverse, de gustar el sol y la arena quemante.
4. Resolví que era un problema de la plataforma de despegue: averiada, sin construir, abandonada, oxidada. Ahora la veo. Reconozco que no trabajé en ella, que todos estos años mi atención se fijó en la tierra y que mi cuerpo, ni siquiera, se había empapado de sus aromas.
5. No me había empapado, seguía con el mismo impermeable que perdí hace tantos años en Valparaíso, ese azul que era cortaviento también. Pensé, entonces, en los peces: los peces antárticos.
6. Sería bello, imaginé por un momento, verlos nadar a través del espacio, llevarlos conmigo en la nave a volar junto a los pájaros. Pero no, al igual que las aves, los peces reclamaban, simplemente, ser observados o, por lo menos, pensados por un momento, no omitidos de las fotografías ni olvidados por su ocultamiento.
7. En el polo sur, el continente antártico, también hay vida: los peces de la familia Chaenichthydae, que reúne varias especies, son capaces de vivir debajo de las capas de hielo, sumergidos totalmente en las frías corrientes del polo.
8. Peces, pájaros acuáticos, inmersos en el agua, incorporados en el frío, olvidados de respirar: entregados totalmente, sin aire, sin sol. Pero empapados del perfume salado del mar y del frío polar.
9. Miro las herramientas, la plataforma oxidada y las fotografías del espacio, los pájaros y los peces. Y me veo a mí, sentado junto a las plantas y el río, distante, con el traje de astronauta colgado en un árbol. La flor, recuerdo, ha muerto nuevamente: no hay aroma que me toque en este lugar.
10. Si he de construir esta plataforma de despegue, concluyo, será con semillas: tonalidades del aire que crecerán con trabajo y poco a poco, con la calma y la inquietud. No imagino otra forma de empaparme.








Extrañamente, me acordé de la referencia a los plurales que hizo Benedetti:
“Hay
ayeres
y mañanas
pero no hay
hoyes”
En fin.
Es simple, como esperar mojarse al ritmo propio del subir de la marea.